Uno de los lugares comunes utilizados en el análisis político diario consiste en señalar la ausencia de voluntad política a la hora de enfrentarse a los graves conflictos que a nivel regional, nacional o internacional afectan a la sociedad humana universal. Pero, ¿qué quiere decir la expresión «ausencia de voluntad política»? ¿Se está señalando, con esto, que los problemas políticos no se resuelven, simplemente, por una cuestión subjetiva e individual de dejadez, desgana o incompetencia? A nuestro juicio, esta explicación es excesivamente psicologista para llegar a entender y comprender, en toda su extensión, los acontecimientos, procederes y desenlaces políticos. La razón es muy sencilla: el sistema capitalista, y sus políticas neoliberales, se desenvuelven con una lógica y una coherencia realmente «envidiables». En este sentido, únicamente podríamos aceptar esta expresión («ausencia de voluntad política») como válida y eficaz para el análisis crítico si con ella quisiéramos señalar que los problemas políticos no se resuelven (y, por tanto, se enquistan) porque no interesa no es rentable resolverlos.
Nuestro propósito aquí es mostrar, de manera sucinta, cuál pueda ser la estructura interna subyacente a la no resolución interesada, suponemos de los conflictos políticos. Desde nuestro punto de vista, todo conflicto político supone siempre un desajuste, una contradicción, entre grupos (y programas) socio-culturales distintos y heterogéneos. Este enfrentamiento, este antagonismo de intereses, obliga necesariamente a la recomposición de las partes enfrentadas, a su reestructuración profunda no quedando éstas, después, como previamente se encontraban. Y en esto consiste, precisamente, la resolución de un conflicto político: los sectores enfrentados engranan, entre sí, con la suficiente fuerza contradictoria como para forzar la reestructuración y recomposición del conjunto. Sin embargo, podemos observar, de un tiempo a esta parte, el surgimiento de una llamémosla así«nueva cultura política», según la cual la resolución de los problemas políticos estaría tomando la forma de una especie de rodamiento que tendería a desplazar indefinidamente dichos problemas irresueltos: como si estos consistiesen simplemente en meros «rozamientos del rodaje», incapaces de generar, por sí mismos, verdaderas oposiciones contradictorias.
De esta manera, los verdaderos acuerdos políticos (que suponen siempre la contradicción, y, por tanto, la destrucción al menos parcial de los intereses en pugna) están siendo escamoteados mediante un rebajamiento de las contradicciones y los desajustes, permitiendo, así, que los problemas rueden indefinidamente; o están siendo en el mejor de los casos sustituidos por un modo peculiar de intervención en los conflictos: la intervención militar. Pero, ¿se puede decir realmente que la intervenciones militares resuelven los problemas? ¿O se debería decir, más bien, que estas intervenciones cumplen, únicamente, la función primaria de sofocar el plano más superficial y evidente de todo conflicto político, que es siempre la violencia?
Existe, pues, aunque no se perciba, un «corte bajo la piel», por utilizar la brillante metáfora del poeta Jorge Riechmann. Bajo la apariencia de que «todo va bien» de que nada significativamente importante está ocurriendo se oculta un abismo de problemas irresueltos que demandan, con urgencia, la denuncia y la crítica del analista político.
Liga Española Pro-Derechos Humanos
(Publicado en La voz de Avilés: 19 de octubre de 1999)
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"¿Qué quiere decir la expresión «ausencia de voluntad política»? ¿Se está señalando que los problemas políticos no se resuelven por una cuestión subjetiva e individual de dejadez, desgana o incompetencia?"
"Podemos observar el surgimiento de una «nueva cultura política», según la cual la resolución de los problemás políticos estaría tomando la forma de una especie de rodamiento que tendería a desplazar indefinimidamente dichos problemas"