El mundo se está globalizando. Nos encontramos en un amplio proceso de cambio que afecta no sólo a los sectores de economía, comercio y ocio sino también a la vida diaria de gente la como ciudadanos de un país e individuos. La sociedad pide más flexibilidad y movimiento y el mundo se vuelve un lugar abierto con muchas oportunidades de buscar lo mejor para las personas, sea donde sea. Cada vez más gente decide salir de su tierra nativa a comenzar nuevamente en otro país, haciendo frente a las dificultades que veremos a continuación.

En este ensayo vamos a observar especialmente la situación de un grupo que se encuentra en una posición aun más desventajosa que los emigrantes, estas son las mujeres inmigrantes. Ellas enfrentan una situación distinta a la de los hombres, pues para ellas existen otros problemas y dilemas. Las mujeres en general viven la doble carga de familia y trabajo, esto en adición a la complicación que involucra ser inmigrante, y cuentan con menos oportunidades y posibilidades de desarrollo personal y profesional.

Actualmente en España viven aproximadamente 44.000.000 personas, según el Instituto Nacional de Estadística, y unos 3.500.000 son emigrantes, estos representando el 8% de la población. Quizás esta cifra no nos sorprenda al compararla con la de otros países, pero sí nos asombra al compararla con la cifra española hace diez años atrás, cuando era mucho más baja.

Ante tantos datos demográficos es casi inevitable estudiar estos ciclos migratorios estadísticamente. ¿Cuántos inmigrantes hay? ¿Cuántos son "ilegales"? ¿Cuántos hijos tienen? ¿Cuántos son americanos y cuántos africanos? Anualmente se calculan estos números, tal vez olvidando un poco que detrás de los números hay personas. La pregunta no debería ser ¿Cuántos emigrantes hay?, sino ¿Porqué emigran? O en vez de ¿Cuántos hijos tienen?, ¿Cómo podemos integrar a sus hijos en las escuelas españolas? Hay que hacer un esfuerzo para entender los problemas y situaciones que enfrenta un emigrante diariamente.

Antes que todo hay que hacer una distinción entre dos grupos principales de inmigrantes para que se aclare de quienes se está hablando.

El primer grupo lo constituyen mujeres que vienen a España durante una cierta época de su vida, aunque nada les obliga a salir de su país de origen. Vienen sobre todo por motivos de trabajo, casi siempre la empresa para la que trabajan les pide que hagan algún traslado temporal a otro país. Estas mujeres suelen ser bien educadas y ya empleadas. Entienden vivir en el extranjero como un rasgo normal del mundo laboral del siglo XXI. Otras mujeres vienen para pasar su jubilación en España en determinadas zonas del mediterráneo y de las islas, normalmente en compañía de sus esposos. En ambos casos proceden casi exclusivamente de países de la UE, así que llevan una vida socialmente alta y económicamente estable en los países de origen y lo consiguen también en España. Para estas mujeres, que constituyen gran parte de la población no española, conviene más el nombre de extranjeras.

El segundo grupo lo constituyen mujeres a las que circunstancias más graves les obligan a salir de su país. Proceden en la mayoría de los casos de países menos prósperos, de países en vías de desarrollo o del Tercer Mundo. A ellas, la emigración les parece la única o la más prometedora posibilidad para resolver sus problemas. Sin embargo, al llegar al nuevo país suelen tener aún más problemas por falta de dinero, carencia de educación y formación y situación legal, sólo por mencionar algunas circunstancias. Estas son las inmigrantes cuya situación vamos a observar.

Nadie se levanta un día por la mañana y decide dejar atrás el país que le vio nacer para marcharse a España. Desde luego, no se pueden generalizar las situaciones en el país de origen, ya que cada inmigrante tiene su propia historia personal. Se trata de inquietudes y deseos que se acumulan poco a poco y culminan finalmente en la decisión de emigrar. Para darse esta decisión, son necesarios tanto los factores que empujan a las personas fuera del país, definidos socialmente como 'push', como los que atraen a los emigrantes a España o los 'pull'. Sin la combinación de ambos la migración no se llevaría a cabo. El hombre, por naturaleza, espera siempre un futuro mejor, por consiguiente va en busca de una mejor calidad de vida. Para algunos la migración es la oportunidad de escapar de un marco político social opresivo. Para otros es la promesa, o al menos la posibilidad de mejor salud, mejor vivienda, una buena educación para sus hijos, en fin una buena calidad de vida, lo que los arrancará de su vida sedentaria.
Algunos sociólogos han descrito la vida de los emigrantes como una vivida entre dos culturas. Las personas emigran de su país huyendo de situaciones y condiciones internas, no huyendo de su patria. Consecuentemente al llegar a España les es difícil romper con la persona que hay dentro de ellos y que todavía no ha migrado. Es imposible pretender una asimilación completa y perfecta de los emigrantes al estilo de vida español pues a causa del fuerte arraigamiento a su cultura, la asimilación es mínima.

Los emigrantes se encuentran en medio de dos países, en medio de dos culturas y divididos entre dos idiomas. Utilizan su primera lengua para desenvolverse en su vida personal, con su familia si está en España y con su círculo social, que la mayoría de las veces son otros emigrantes de la misma nacionalidad. Por otro lado recurren al español para desenvolverse en el trabajo. Las dos vidas no se fusionan. El idioma es solamente un factor más que hace resistencia a la asimilación, entre otras diferencias culturales.

El problema de la aculturación empeora con una nueva tendencia migratoria que sólo esta vinculada a la situación económica. Algunos inmigrantes se consideran temporeros pues su meta es estar un tiempo en España, hacer dinero y luego retornar a su país.
En la mayoría de los casos no lo logran y están entrando y saliendo de España constantemente. Logren su meta o no, los emigrantes temporeros ven la idea de asimilación como menos necesaria aún.

Si bien el proceso de emigración es muy dificultoso, para las mujeres emigrantes puede ser todavía más complicado. Algunas cruzan un océano para llegar a España, otras no vienen desde tan lejos, pero lo cierto es que para muchas de ellas, especialmente las que provienen de culturas islámicas, este es el primer viaje fuera de su comunidad familiar. En España, el ciclo migratorio de la mujer ha sufrido un gran incremento ya que hasta antes de los años ochenta las mujeres sólo representaban el 8% del colectivo inmigrante. Se puede decir que la inmigración en España se ha feminizado. Muchas mujeres al jugar ambos roles de esposa y madre, tienen la doble carga de la familia. No se puede hablar de un modelo único de forma de vida, sin embargo se pueden describir las distintas formas de la organización familiar.

En un caso llegan las mujeres solas dejando a su familia (marido y/o hijos) en el país de origen. Por supuesto, esto significa un cambio enorme de la vida familiar a la que estaban acostumbradas. Algunas piensan en traerlos más tarde, es decir en condiciones de vida más estable. Otras piensan quedarse en España sólo durante una temporada limitada para ahorrar suficiente dinero y así poder llevar una vida mejor en su país nativo. Las mujeres solas se ven obligadas a desempeñar otro papel en la nueva situación porque dejan atrás su vida familiar normal. Sin embargo, para muchas mujeres la familia sigue siendo lo más importante. Mejorar la calidad de vida familiar constituye una razón principal para la emigración, así que también muchas envían la mayor parte de sus ingresos a sus familias en la tierra nativa.

En el otro caso viven en España con su familia. A veces llegan después de que el marido ha organizado lo más imprescindible; la vivienda y trabajo, a veces llegan junto a su pareja, haciendo venir a los hijos un poco más tarde o llegan con toda su familia. En la gran mayoría de estos casos contemplan vivir de forma permanente en España, siendo por tanto necesaria una mayor planificación y organización.

En muchos casos ya conocen a otros inmigrantes antes de llegar a España, ya poseen de contactos con la comunidad inmigrante. Estos contactos son tan amplios que uno se refiere a ellos como red de relaciones o cadena, normalmente de inmigrantes de la misma nacionalidad o familiares. No negamos el valor que tienen estas redes para las mujeres; aportan amistades, consejos útiles, ayuda financiera y práctica, pero por otro lado impiden conectar más con el mundo español, con la vida cotidiana alrededor. Por ejemplo, los matrimonios de inmigrantes son en su gran mayoría monoétnicos y existen grupos de nacionalidades muy cerrados.

Sin duda alguna, la integración es la clave para llevar una vida "normal", una vida españolizada sin negar u olvidar sus propias raíces. Los padres son el gran ejemplo para los hijos, es fundamental que ellos, y sobre todo las madres que suelen pasar más tiempo con los hijos, les ofrezcan la posibilidad de inmersión en el nuevo país.

Los conocimientos de la lengua castellana son imprescindibles para una vida activa en España. Afortunadamente, algunos grupos de inmigrantes ya poseen estos, ya que son procedentes de países hispanohablantes. Esta es precisamente la razón por la cual España es un país tan atractivo para el numeroso grupo de ciudadanos de Latinoamérica. No obstante, el idioma constituye un verdadero problema para otros. Hay una competencia enorme en el mercado laboral, así que sin conocimientos adecuados no pueden obtener un puesto de trabajo superior ni disfrutar de todas las oportunidades nuevas en España. Esto es precisamente uno de los puntos en los que el Estado Español tendrá que intervenir, por ejemplo ofreciendo cursos de español gratuitos para inmigrantes. Es evidente que hay cuestiones abiertas y que el Estado tiene que intervenir con ayuda. España todavía no tiene mucha experiencia como país de acogida para tantos inmigrantes.

Se ha descrito la vida de las mujeres emigrantes como una vida inestable en la que ellas pueden sentir soledad e inseguridad. Las que provienen de las culturas más tradicionales no están acostumbradas a trabajar fuera del hogar ni a recibir remuneración por el trabajo. Tampoco hablan español y es difícil encontrar centros de ayuda a inmigrantes o trabajadores sociales que hablen su idioma. Si ellas emigran con hijos, se presenta además el problema de encontrar un colegio que enseñe español. Todas estas circunstancias afectan tanto a la madre como al niño. La identidad personal del joven también quedará atrapada entre dos personas. El desarrollo de la seguridad en sí mismo y el desarrollo lingüístico estarán atrasados en comparación a otros niños españoles de su edad. Naturalmente, estas circunstancias añadidas a las diferencias culturales, harán que el niño se sienta inadaptado y que sus compañeros lo vean como 'el diferente'.

Aunque la asimilación cultural completa de la segunda generación parezca la meta ideal, esto también puede presentar un problema. Por ejemplo se puede presentar el caso de una joven norteafricana criada en España con modelos de estilos de vida que contrasten por completo. ¿Copiará el modelo de su madre que representa quién ella es y de dónde viene, o copiará el modelo de su amiga española que representa lo que ella quiere llegar a ser en un futuro? Estas no son decisiones fáciles de tomar para una joven de quince años ni tampoco son temas cómodos para una madre tradicional. No son sólo problemas económicos o de vivienda los que atraviesan los emigrantes, hay muchísimas complicaciones psicológicas y sociales a las que se enfrentan que debemos tener en cuenta.

Se habla de España como una sociedad muy abierta y tolerante, pero la verdadera opinión de los ciudadanos acerca de la inmigración económica depende de muchos otros factores como la edad, clase social o nivel de educación. La opinión publica española en general se muestra partidaria a que se limite, hasta cierto punto, la inmigración de países menos desarrollados. Al ir más a fondo de esta opinión generalizada, se encuentran patrones más específicos. Mientras más joven sea la persona, pertenezca a una clase social más alta y esté más inclinado hacia la izquierda política, se va a mostrar menos partidaria de limitar la inmigración.

Aunque la opinión pública esté dividida por estos factores sociales, en general los ciudadanos quieren que exista algún tipo de límites en la inmigración, pero también se muestran a favor de la integración cultural. El que favorezcan los límites no debe ser visto como algo negativo pues esto no significa que deseen exclusión, simplemente que controlando la entrada a España se puede asegurar mas atención y servicios a los emigrantes y consecuentemente un mayor nivel de integración cultural e integración.

Los grupos que más favorecen los límites a la inmigración a veces se dejan llevar por falsas percepciones. Es posible que rechacen a los emigrantes a causa del paro en el país. Algunos españoles tienen la mentalidad de que los emigrantes literalmente les quitarán los trabajos. Esto es una concepción errónea y de hecho la migración es necesaria para la economía de España debido al envejecimiento de la población, la flexibilización del mercado de trabajo y el hecho de que cada día hay más exigencias de competitividad. La presencia de inmigrantes todavía es vista como una anomalía o como un estado temporal. Esto favorece e incrementa la xenofobia y el rechazo a los inmigrantes. Aunque el mundo del siglo XXI está más "transnacionalizado", y se podría entender tal vez como una sociedad global o europea, la gente tiende a defender o proteger su entorno nacional.

A la mayoría de los inmigrantes les une una característica: han salido de su país de origen para buscar una mejor vida, sobre todo en términos económicos, lo que afirma el 54%. No obstante, en España se enfrentan ante una situación igualmente complicada. Aquí es imprescindible trabajar, no sólo para ganarse la vida y conseguir vivienda, sino también para cumplir las diferentes normas que hay por parte del Estado para legalizar o justificar su estatuto de inmigrante. No es nada fácil encontrar trabajo, ni para los españoles ni para los inmigrantes y mucho menos encontrar un buen trabajo. Un gran obstáculo es la carencia de una educación y formación profesional como se entiende en España. Hay que admitir que la mayoría de las inmigrantes proceden de clases de nivel social bajo que implica desafortunadamente una educación muy básica, en muchos casos inferior a la de los hombres. Es común que surjan problemas al revalidar la educación, incluso la educación universitaria, así que las mujeres tienen que buscar trabajo en otros sectores. Tener trabajo es lo más importante y por lo tanto el buscar uno es el primer paso a dar al llegar a España.

Los emigrantes económicos, de los que hablamos en este caso, trabajan mayormente en los sectores de construcción, servicio doméstico y comercio. La construcción en la mayoría de los casos está relacionada con hombres. Como el papel tradicional de las mujeres en España, al igual que en otras sociedades del mundo, es el de madre y ama de casa, las mujeres tienden a buscar trabajo en este sector. La gran mayoría de ellas, el 23% frente al 1% de los hombres, tiene empleo de hogar. En España hay mucha demanda en esta área, por consiguiente las mujeres inmigrantes logran trabajar como niñeras, cocineras, mujeres de la limpieza y amas de casa en general. Las mujeres españolas ya no quieren hacer este tipo de trabajo. Tienen una mejor educación y una autoimagen o modo de verse a sí mismas como mujeres más modernas. Empleados del hogar que trabajan como internos, es decir que viven en la casa en que trabajan, son casi exclusivamente mujeres inmigrantes. Se trata de un trabajo muy duro y poco valorado, pero como las inmigrantes sienten gran presión y necesidad de trabajar, se ven obligadas a aceptar estos trabajos. Además, en los dos centros grandes de población inmigrante, las ciudades de Madrid y Barcelona, su carácter urbano ofrece más posibilidades en este sector. En estas ciudades con una demanda enorme de auxiliares del hogar, trabajar en este sector resulta una solución obvia al problema de la búsqueda de trabajo, aunque tal vez posean de una formación distinta y superior. Por último, el tercer sector donde se concentra la labor del emigrante es en el comercio, esto refiriéndose a ambos, vendedores ambulantes y comercios fijos.

Otro sector en el que lamentablemente hay un gran colectivo de mujeres inmigrantes es en la prostitución. No es muy común escuchar a las prostitutas de Madrid hablando español ya que en la ciudad, el 90% de ellas son inmigrantes. En la mayoría de los casos recurren a esta profesión poco digna al verse sin más remedio ante la dificultad de conseguir un buen trabajo y con la necesidad de alimentar bocas en la casa, incluyendo la de ellas mismas.

Se puede decir que existen dos mercados laborales en España. Un mercado superior que incluye por ejemplo los sectores de economía o informática. Luego, el mercado secundario consiste en trabajos inferiores como por ejemplo recolección de temporada, hostelería, construcción y servicio doméstico. Este mercado se caracteriza por bajos salarios, escasa valoración social y precisamente por su gran porcentaje de inmigrantes. Casi siempre trabajan sin contrato, por lo tanto en adición al salario bajo, no tienen ningún tipo de seguro de accidente. Estas áreas laborales son sectores poco controlados, lo que contribuye a que los emigrantes económicos no se inserten en el país.

Se observa que hay mucha diferencia entre los barrios donde viven los españoles y los inmigrantes respectivamente. La razón principal es su precaria situación económica. Debido a sus escasos recursos económicos consiguen vivienda sólo en los barrios más baratos, y por consiguiente son más lejanos y cuentan con menos servicios públicos. Además, al no poder adquirir vivienda en ciertos barrios, los inmigrantes buscan las zonas con alta población extranjera porque se les hace más fácil el proceso de adaptación al nuevo país.

Más tarde, muchos intentan buscar otro sitio para vivir, incluso contemplan la posibilidad de comprar un piso. Sin embargo, los inmigrantes enfrentan muchos problemas y obstáculos al buscar vivienda y la financiación correspondiente sólo por el hecho de ser inmigrante. Tampoco para los españoles es fácil encontrar vivienda, pero para los inmigrantes es mucho mas complicado. Hay poca confianza en ellos: por su estado legal (aunque esté perfectamente en orden), por un trabajo inestable con contrato temporal (que también ocurre con muchos españoles) y por un inexplicable miedo y duda ante los inmigrantes. Por lo tanto, casi siempre consiguen vivienda sólo en determinadas zonas con una nacionalidad dominante, un perfecto ejemplo son los barrios marroquíes o rumanos.

Desde un punto de vista sociológico, es perfectamente normal que haya diferentes zonas de vivienda. Sin embargo, es alarmante que se trate de una distinción según nacionalidad. Desde luego, esta "sociedad de dos mundos" también existe en otros asuntos como el trabajo o el acceso a servicios sociales. Todavía queda un largo camino por recorrer para que los inmigrantes realmente formen parte natural de la sociedad española.

La alta tasa de inmigración es un fenómeno relativamente nuevo para España, por lo que se tendrán que diseñar programas que conduzcan la inmigración hacia una dirección positiva. Es una prioridad. Un acercamiento para lograr esto exitosamente podría ser estudiar el fenómeno de un ángulo más sociológico y un poco menos numérico.

Juan Carlos Giraldez Luque,
Presidente Liga Española Pro-Derechos Humanos Comunidad de Andalucía.

Francisco José Alonso Rodriguez,
Presidente Nacional Liga Española Pro-Derechos Humanos.


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