El próximo 14 de Noviembre se cumplen 28 años desde que el estado español, mauritano y marroquí firmaron los "Acuerdos Tripartitos de Madrid" a través de los cuales se dejaban en manos de los Estados de Mauritania y Marruecos a la población de la antigua provincia española del Sahara Occidental.

Después de todos estos años cerca de 200.000 Saharauis continúan refugiados en la Hamada de Tinduf (Argelia) en espera de una solución al conflicto.

Actualmente, el fracaso del Plan de Paz es un hecho. Las obstrucciones y dificultades puestas por el Reino de Marruecos han hecho prácticamente imposible la celebración del referèndum de autodeterminación aplazado desde 1974. Nuevas iniciativas diplomáticas intentan abrir otras posibles vías de solución pacifica de un conflicto que parece condenado a prolongarse indefinidamente.

Durante los últimos años, la población civil de los territorios ocupados ha visto suavizadas, relativamente, las duras condiciones de la ocupación, represión, torturas, desapariciones, etc. En los campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia) la ambigua e indefinida situación de "NI PAZ, NI GUERRA" se ha convertido en un factor de desánimo y frustración para una población que lleva casi treinta años viviendo en condiciones extremas, en una de las zonas más inhóspitas del desierto del Sahara.

El exilio de los Saharauis es verdaderamente duro, ya que si es verdad que han logrado erigir un sistema político y social en sus campos de refugiados, altamente organizado y eficiente, no es menos cierto que se encuentran asentados en una de las zonas más duras y hostiles del planeta, tanto por el terreno como por su climatología. Los huertos que han conseguido crear, gracias a un gran esfuerzo, únicamente pueden satisfacer las necesidades de los enfermos.

Occidente, se ha desentendido del problema, y cuando algunos países del Europa occidental han intervenido ha sido, generalmente, a través de apoyo, en forma de cooperación militar al gobierno marroquí.

La indiferencia internacional se ha percibido con meridiana claridad en el papel que han jugado hasta el presente las Naciones Unidas en el intento de resolución del conflicto. El desinterés, la escasa transparencia en este asunto y la débil y, en algunos casos, escasa voluntad de las Naciones Unidas y de ciertos altos funcionarios de este organismo, no han contribuido precisamente a favorecer un posible acuerdo, dado que la presión ejercida por la ONU sobre el Reino de Marruecos se ha caracterizado por su timidez y por la carencia de objetivos concretos. Las continuas trabas y dilaciones impuestas por el Reino de Marruecos y escasamente discutidas por las Naciones Unidas no han favorecido la resolución del conflicto. Todo ello provoca el temor entre los Saharauis de que su lucha penetre en un periodo de hibernación suspendida, lo que les llevaría, una vez más, a coger las armas para defender su identidad y el derecho a ser una NACIÓN. Este desenlace es cada vez más probable si se recuerda que Marruecos ha afirmado que únicamente aceptará el resultado de un referèndum si reconoce la marroquinidad del territorio.

Los países occidentales deberían reflexionar acerca del apoyo que están prestando al Reino de Marruecos. Este es un conflicto de desgaste que ya esta durando muchos años y que previsiblemente durara muchos más. La Unión Africana tendría que definirse con mucha más fuerza en este conflicto y no permitir que una invasión militar legitime una ocupación. Yo estoy seguro y espero que el pueblo Saharui sepa resistir y no permita nunca que nadie escriba su Historia.


Francisco José Alonso Rodríguez
Presidente Nacional de la Liga Española Pro-Derechos Humanos


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