Sabidas son las recurrentes violaciones de los derechos humanos que se producen en la primera potencia económica del mundo. También es sabido que tales violaciones sistemáticas afectan, sobre todo, a las minorías étnicas y raciales de este país. Los Estados Unidos, fundados en nombre de la democracia, engrosan —junto con países como Argelia, Turquía, Camboya, Colombia, Arabia Saudí,...— la larga lista de países repetidos y reputados como violadores continuos de los derechos humanos. En este país, que sin duda ha apoyado la promulgación de las más importantes normas internacionales sobre derechos humanos, más de 350 personas han sido ejecutadas en esta década; y más de 3.300 aguardan su turno: los negros —que constituyen sólo el 12 % de la población— representan, sin embargo, el 42% de los condenados a muerte, casi siempre convictos de haber asesinado a un blanco. Solamente en los nueve primeros meses de este año el número de ejecuciones se ha elevado a 76 (más personas que en todo 1997). A esta circunstancia hay que sumarle dos prácticas tajantemente prohibidas por la legislación internacional, y que los EE.UU. se niegan a cumplir: su imposición a menores de edad y a deficientes psíquicos. Habrá que repetir, una vez más, que todas estas prácticas contradicen tajantemente los pactos internacionales sobre derechos humanos.

Otra circunstancia lacerante para la conciencia moral consiste en el procesamiento —y posterior encarcelación en cárceles para adultos— de menores de edad acusados de delitos graves. Por supuesto, su acceso a servicios educativos es escaso o, sencillamente, inexistente.

A esto debemos unir la brutalidad policial con sus continuas extralimitaciones en el uso de la fuerza (agresiones físicas, utilización indebida de instrumentos de inmovilización, de aerosoles químicos o armas paralizantes de electrochoque que provocan heridas graves e, incluso, en algunos casos, la muerte). También en este caso la mayor parte de las víctimas pertenece a las minorías étnicas.

Por su parte, las autoridades locales de EE.UU. obstaculizan, siempre que pueden, a los comités de investigación sobre la violencia contra las mujeres y sobre las ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias.

¿Se puede decir, entonces, que las violaciones de los derechos humanos de los que están en la base de la pirámide en EE.UU. son un efecto colateral del exquisito respeto a los derechos de quienes ocupan la cúspide? Desde esta tribuna, denunciamos —y animamos a denunciar— la sistemática violación de los derechos humanos que se lleva a cabo en los EE.UU. Apostamos, también, por una Europa fuerte que se convierta en firme y enérgica defensora del Tribunal Internacional de Derechos Humanos.



Liga Española Pro-Derechos Humanos
(Publicado en El diario montañés: 20 de octubre de 1999 y en
el Heraldo de Aragón: 25 de octubre de 1999)





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"Los Estados Unidos, fundados en nombre de la democracia, engrosan la larga lista de países repetidos y reputados como violadores continuos de los derechos humanos"

 

 

 

 

 

 

 

"¿Se puede decir, entonces, que las violaciones de los derechos humanos de los que están en la base de la pirámide de EE.UU. son un efecto colateral del exquisito respeto a los derechos de quienes ocupan la cúspide?"

 

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