Se suele sostener la tesis (nacida de la «ideología-ambiente», es decir, de las ideas dominantes que, flotando en el aire enrarecido de nuestro medio socio-cultural, permiten a las personas indoctas configurar sin necesidad de pensar y reflexionar sobre los problemas su visión del mundo, su «Weltanschauung» de andar por casa, permítasenos la expresión), se suele sostener, repetimos, la tesis de que la globalización, y la consiguiente comunicación tecnológica asociada, podrían generar nuevas formas de cooperación mundial entre los distintos niveles de riqueza (y pobreza) del planeta. Sólo mencionaremos un dato sobre este desequilibrio: el diferencial de ingresos entre la quinta parte más rica del mundo y la quinta más pobre se ha ensanchado desde una proporción de 30 a 1 en 1960, hasta 70 a 1 en la actualidad.
Nuestra posición con respecto al problema de la globalización es, sin embargo, muy distinta (y creemos que no tan ingenuamente optimista). Una vez desenmascaradas las justificaciones mitológicas y las apologías neoliberales (por ejemplo, el fin de la historia: el capitalismo «por los siglos de los siglos»; la acusación de dogmatismo o, a veces, de misticismo, con respecto a cualquier alternativa política y teórica que se salga fuera del llamado «pensamiento único»,...) que envuelven y ocultan la esencia de la globalización, descubrimos, obviamente, que su realidad y su realización no pueden dejar de ser las que son (desigualdades crecientes, incremento del paro, caos sistemático, brotes incontrolados de violencia,...), al margen de retóricas institucionales y mentiras institucionalizadas.
¿Pero, cuál es, por tanto, la esencia, el núcleo duro, de esta globalización? Desde nuestro punto de vista, la globalización supone la presencia de fuerzas que nadie puede controlar, debido a la existencia actual de un poder económico descabezado políticamente. Estas fuerzas incontroladas serían las siguientes: (a) la competitividad, que, como fuerza ciega, puede provocar y de hecho está provocando fisuras en la convivencia y en la cohesión social; (b) el crecimiento sostenido, incluso en contra del mismo planeta, que, naturalmente, posee límites; y (c) el mercado, que, como deidad incuestionable, sienta las bases de un darwinismo económico y social, dividiendo a las personas en «solventes» e «insolventes», y ofreciendo protección solamente a las primeras. (Véase, para esto, la polémica sobre la globalización entre Ignacio Ramonet y Thomas Friedman, en el nº 48 de la edición española de LE MONDE DIPLOMATIQUE.)
Por nuestra parte, aceptamos, en gran medida, los análisis teóricos del politólogo Noam Chomsky en su libro «La aldea global», Txalaparta, 1997, escrito en colaboración con Heinz Dieterich, en donde se sostiene la siguiente tesis central (con respecto al debatido problema filosófico-político de las relaciones entre la democracia y el capitalismo: los dos pilares sobre los que se asienta actualmente la sociedad humana universal): la globalización genera una involución de la democracia. La instauración de una economía neoliberal sólo puede llevarse a cabo cercenando los logros e ideales democráticos. En la actualidad, no son los pueblos del mundo los que, a través de procedimientos democráticos, determinan la arquitectura de la sociedad global que se está configurando, sino las élites del gran capital internacional (banqueros, empresas transnacionales, etc.) a través de decisiones tomadas a espaldas de los afectados.
Y es en este contexto en donde deben situarse de
las causas gran parte de las violaciones de los derechos humanos: en el retroceso
de las garantías democráticas y en la instauración de
las oligarquías, que controlan el poder económico (y a su siervo
el poder político). De esta manera, nuestra conclusión no puede
ser otra: solamente mediante un avance real de la democracia (en donde la
economía sea siempre «economía política»)
pueden hacerse realidad, hacerse carne, los múltiples artículos
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Liga Española Pro-Derechos Humanos
(Publicado en La voz de Avilés: 5 de diciembre de 1999)
_________________________________________
Quiénes somos · Historia
· Actividades · Delegaciones
Revista El vuelo de Ícaro
· Documentos · Comunicados
"El diferencial de ingresos entre la quinta parte más rica del mundo y la quinta más pobre se ha ensanchado desde una proporción de 30 a 1 en 1960, hasta 70 a 1 en la actualidad"
"La globalización supone la presencia de fuerzas que nadie puede controlar, debido a la existencia actual de un poder económico descabezado políticamente"
"Solamente mediante un avance real de la democracia (en donde la economía sea siempre «economía política») puede hacerse realidad, hacerse carne, los múltiples artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos"