Permítaseme una metáfora que explique la intención de este artículo: frente a un hombre desvalido en un paisaje degradado por la acción de un sistema económico sin escrúpulos, el objetivo fotográfico del ecologismo dejaría en penumbras —convertido en simples manchas— a su morador humano, para centrarse en los aspectos deteriorados de su naturaleza circundante. El objetivo dirige su atención hacia los problemas reales existentes, pero desenfoca, a nuestro juicio, aquello que constituye lo más importante del conjunto: el hombre.

Desde nuestra organización, sin embargo, siguiendo las enseñanzas del filósofo Ernst Bloch (1885-1977), apostamos claramente por lo humano. Como dijo Bloch en su primera obra, «Geist der Utopie» (1923): «La pregunta por nosotros es el único problema, la resultante de todos los problemas del mundo.» Rechazamos, por tanto, a todos esos filósofos o filosofastros que abandonan al hombre, que lo desvalorizan o lo dejan inerme ante el mal o el sinsentido. No nos resignamos, desde nuestra profunda convicción moral, a que la opresión, la vida truncada y la falta de dignidad sean la realidad cotidiana de millones de hombres. Bloch, el filósofo de la esperanza y de la utopía, dejó escritas, en su libro arriba citado, las siguientes palabras: «Vivimos en la noche más oscura de la historia.»

Por eso nos parecen desenfocadas aunque bienintencionadas las propuestas reivindicativas del ecologismo actual: porque su núcleo, su esencia, no es el hombre sino la Naturaleza. Y nos parece percibir en este desenfoque un aroma epicúreo, del que disentimos plenamente. Cualquier ecologista podría hacer suya la proclama de Epicuro, que resume su pensamiento: «Toma tu barco y huye, hombre feliz, a vela desplegada, de cualquier forma de cultura.» El epicureísmo, como sistema filosófico que surgió en una época de crisis, propone el abandono apresurado de la polis (y, por tanto, de la política) en un intento imposible de retornar a la naturaleza y «salvarse» individualmente, ignorando y despreciando a los demás hombres de su comunidad política.

Frente a esta opción apolítica, se erige el otro gran sistema filosófico de la época helenística griega: el estoicismo. Esta filosofía de esclavos y de exiliados (que, sin embargo, llegó a contar entre sus seguidores con un emperador romano: Marco Aurelio) define al hombre no en términos individuales, no como un individuo, sino como un ciudadano del mundo, como un cosmopolita. El estoicismo, como respuesta a la época de decadencia en la que surgió, proponía no flaquear nunca desde una fuerte confianza en la razón en la defensa de la cultura, de la ciudad, de la política..., en definitiva, del hombre, del ser humano. En este sentido se dirigen las palabras de Hernando Valencia Villa, en su libro «Los Derechos Humanos», editorial Acento: «Sin el estoicismo no existiría el discurso de los derechos humanos tal como lo conocemos hoy.»

Quizá, por otra parte, podamos encontrar las razones de esta atonía política en la que se encuentra el pensamiento ecologista, en las declaraciones de Mary Robinson, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos: «No hay motivo para celebrar el 50º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sólo para conmemorarlo y renovar el compromiso, porque en todo el mundo están creciendo las violaciones de los derechos humanos.»

Sin embargo, no por ello dejamos de hacer nuestro aquel imperativo categórico de Bloch: hay que acabar con las situaciones en las que el hombre sea una esencia humillada, esclavizada, abandonada y despreciable. Éste es el largo camino que nos falta por recorrer. La distancia y el tiempo que nos lleve su amargo tránsito dependen de nuestro esfuerzo, de nuestra visión realista de las miserias cotidianas, pero también, y sobre todo, de nuestra inviolable capacidad de esperanza.



Liga Española Pro-Derechos Humanos
(Publicado en La voz de Avilés: 3 de noviembre de 1999)





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"Por eso nos parecen desenfocadas (aunque bienintencionadas) las propuestas del ecologismo actual: porque su núcleo, su esencia, no es el hombre sino la Naturaleza"

 

 

 

 

 

 

"Según Hernando Valencia Villa, «sin estoicismo no existiría el discurso de los derechos humanos tal como lo conocemos hoy»"

 

 

 

 

"Siguiendo a Bloch, hay que acabar con las situaciones en las que el hombre sea una esencia humillada, esclavizada, abandonada y despreciable"

 

 

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