Señor Presidente, Señores y Señoras miembros del Tribunal, señores y señoras buenas tardes.

Antes de hacer un análisis el tratamiento informativo entorno a esta guerra, voy a comenzar advirtiendo que desde un principio he estado declaradamente en contra de ella. Quizás violando un poco las normas del periodismo, entendía desde el principio que se trataba de una guerra ilegal e innecesaria. Una vez que, en alguna medida, parece que ya los combates más fuertes han terminado, sigo creyendo que esta guerra era absolutamente innecesaria e improcedente y que dista mucho de estar terminar.

Esto lo demuestra el hecho de que todas las razones que fueron esgrimidas para hacerla estallar, ya que no para declararla, se han revelado o se están revelando como falsas. No aparecen por ninguna parte las supuestas armas de destrucción masiva que la administración norteamericana mostraba con fotografías y datos que se revelaron falsos. Tampoco se ha revelado que las fuerzas armadas iraquíes de Sadam Hussein constituyesen un peligro para nadie, aparte de para los propios iraquíes internamente. Además, teniendo en cuenta la evolución de las cosas y la reacción que se ha producido en Irak con la entrada de las fuerzas de invasión anglo norteamericana, se ven los deseos de libertad del pueblo iraquí y de desprenderse de la dictadura que les oprimía, pero, desde luego, que no llegaban a desear que el país fuese ocupado por unos militares extranjeros como ahora mismo está ocurriendo.

La reacción de alegría por esa supuesta liberación entre comillas, como ustedes habrán visto y como aquí destacaba antes el profesor Vidal Beneyto ha sido perfectamente descriptible.

Respecto al balance provisional del tratamiento periodístico de la guerra, yo comenzaría señalando que la historia del periodismo está marcada en sus evoluciones más importantes por algunas guerras. La Guerra de Crimea fue la que estrenó a los primeros enviados especiales para cubrir lo que allí estaba ocurriendo. La Guerra de México también pasó a la historia del periodismo porque fue donde por primera vez los periodistas se ensayaron en el género de la entrevista, fue donde por primera vez se hicieron entrevistas. Otras guerras, como las dos grandes guerras mundiales, la Guerra Civil española también marcaron etapas muy importante dentro de la evolución del periodismo bélico y del periodismo en general. Otra mas reciente, la guerra del Vietnam de alguna manera se convirtió en la primera guerra donde la televisión tuvo una importancia excepcional para dar a conocer a la sociedad lo que estaba ocurriendo y al mismo tiempo para que la sociedad reaccionase en contra de aquella barbaridad que se estaba produciendo en la antigua Indochina.

Esta guerra que acabamos de sufrir no dejará ninguna huella positiva para la historia del periodismo si descartamos el uso que se ha hecho en ella de algunas tecnologías nuevas en los sistemas de transmisiones. Esto facilitó mucho que pudiésemos tener información concreta, puntual, de algunos hechos que se estaban produciendo.

Sin embargo, esto no ha contribuido a que tuviésemos una visión global de lo que realmente estaba ocurriendo en Irak durante esta invasión, sino que lo que hemos tenido han sido unas informaciones parciales, enormemente distorsionadas y desde luego bastante alejadas de la verdad global. No estoy hablando aquí de mentiras concretas, que también se han producido, sino de la verdad global de lo que estaba siendo esta guerra.

Esto no ha sido culpa de los profesionales que la han estado cubriendo. Muchos de ellos o en su mayor parte han hecho coberturas realmente excelentes y, algunos han pagado su arrojo y decisión de estar en los lugares más peligrosos de los enfrentamientos con su vida. Nada menos que doce muertos en una guerra que duro tres semanas. Es todo un récord muy triste del cual tendríamos que sacar muchas conclusiones. Si nos ponemos a analizar cómo se han producido estas muertes realmente no sacaríamos otra conclusión que no sea la de ahondar más en lo injusta, en lo inexplicable, en lo cruel absurdamente, en la falta de respeto a los principios que la propia guerra tiene, que estas muertes han representado.

El Presidente George Bush, con la clarividencia que le caracteriza, nos descubrió en presencia de nuestro propio presidente de gobierno, que la guerra era peligrosa, que las guerras eran peligrosas. Por eso seguramente la inmensa mayoría de los españoles, como la inmensa mayoría de los europeos, estabamos justamente en contra de esa guerra, cuya peligrosidad ha sido sufrida por algunos colegas míos, por algunos compatriotas de todos nosotros, como han sido los casos de Julio Anguita Parrado, y de José Couso.

Por mi parte entiendo, dado que he estado en varias guerras, que lo que ocurrió, la mala suerte que persiguió a Julio Anguita Parrado, un excelente profesional, puede ser considerado perfectamente como un accidente laboral. La guerra peligrosa como dice Bush, ofrece esos riesgos. El periodista que va a cubrirla sabe que esta expuesto a esos riesgos, que siempre que le puede caer a uno una bomba muy cerca y hacerle desaparecer en trocitos y esto es lo que ocurrió con Julio Anguita. No podemos decir lo mismo ni muchísimo menos de lo que ocurrió con José Couso.

En mi opinión, no soy jurista aquí los hay, ha sido víctima simple y llanamente de una forma de asesinato, tras el cual hay quien se niegue a intentar investigar si ha habido responsables. No es normal que un ejercito organizado, que las fuerzas armadas de un país libre, de un país que asegura luchar por la libertad de los demás y por la democracia en el mundo, lance cañonazos contra un hotel donde están alojados los periodistas, algo que todo el mundo sabe perfectamente.

Respecto a la cobertura de la guerra, y reiterando mi admiración por muchas de las coberturas llevadas a cabo insitu y con riesgo de sus vidas por un gran número de enviados especiales encargados de cubrirla, la realidad es que globalmente a mí me parece que ha sido enormemente deficiente. Lo que todavía a estas alturas no sepamos, imagino que no lo sabemos nunca, como ocurrió con la primera guerra del golfo. Realmente tampoco hemos sabido muchas de las cosas que realmente han ocurrido antes, durante la guerra, y ahora mismo las cosas que allí todavía están ocurriendo.

Especialmente tengo que referirme a las fuerzas norteamericanas, porque son de alguna manera las que la mayor parte de los españoles, de alguna manera, hemos estado responsabilizándonos con ellas. Estas fuerzas norteamericanas, antes ya de comenzar la guerra, prepararon muy bien todo lo que iba a ser una operación militar que fuese presentada ante la sociedad, a la opinión publica conforme plenamente a lo que serian sus intereses bélicos.

Sabemos que en la guerra la primera gran víctima siempre es la verdad y esta guerra no ha sido una excepción. También hay que decir que esta guerra ha sido una falsedad permanente, premeditada, organizada, planificada a la perfección. Para empezar se arrancó del pratotierismo con que reaccionaron los medios de comunicación norteamericanos en las jornadas previas a la guerra.

Esto fue aprovechado por el propio Pentágono para elegir y preparar, alegando razones de preparación técnica, a un grupo de corresponsales de EEUU y de otros países, perfectamente seleccionados, para acompañar a las fuerzas armadas. Se convirtieron, de alguna manera, más que en los informadores de lo que allí estaba ocurriendo de sus portavoces.

Estos periodistas, desde el principio, tuvieron que enfrentarse con muchas dificultades y con muchas limitaciones a la hora de informar, de localizar los lugares donde estaban ocurriendo los hechos, y el dónde siempre es un elemento fundamental en cualquier información periodística y para poder contar eso a sus espectadores, a sus oyentes, o sus lectores. De alguna manera, estos corresponsales han tenido que vivir durante más de tres semanas sometidos a un régimen de control total de la información, de evidente censura, y transmitirnos lo que se les permitía, que más o menos venía a ser justo lo que las fuerzas armadas norteamericanas querían y por lo tanto lo que les convenía.

Esta es una realidad que yo creo que hasta ahora no se había producido nunca. Cuando estuve como periodista en otras guerras, siempre tuvimos unos márgenes amplios para informar, fue el caso sin precedente de la guerra del Vietnam y de alguna manera también ocurrió, aunque ya en menor medida durante la guerra del golfo. El control al que fueron sometidos los corresponsales encuadrados dentro de las unidades armadas norteamericanas en estas circunstancias ha sido un control verdaderamente inasumible. Además de no permitir a los periodistas que participaban contar la verdad de lo que simplemente estaban viendo, de alguna manera se intentaba cubrir su necesidad de material informativo intoxicándoles permanentemente. Aquí si que haría una crítica a los colegas, que en muchos momentos se hicieron portavoces de las campañas de intoxicación norteamericanas, sin advertir suficientemente a los consumidores de esa información de que seguramente estaban ofreciendo una información que podía ser parte de la desinformación o de la intoxicación.

Cuantas veces no hemos escuchado que había caído la ciudad de Basora, cuando todavía no había caído Basora. Cuantas veces hemos escuchado que Sadam Hussein estaba muerto, cuando todo parece indicar que no está muerto todavía y ni siquiera detenido. Así muchísimas otras informaciones que, de alguna manera, nos cogieron a todos en una permanente duda sobre lo que estaba ocurriendo, y que en definitiva siempre llevaban en una misma y preocupante dirección, que es la de conducir la información en la dirección que les interesaba a los norteamericanos. Todo por no hablar de la cantidad de indicios que aparecían de armas de destrucción masiva, que por cierto siguen sin aparecer, en fin de otras cuestiones por el estilo.

Desde luego que la parte iraquí tampoco se caracterizó ni muchísimo menos por ofrecer una información ajustada a la realidad. Todos recordaremos como algo verdaderamente surrealista al portavoz, al Ministro de Información del Gobierno de Sadam Hussein, diciendo hasta el último momento, que estaban ganando la guerra, que la victoria de Irak se aproximaba, que los americanos corrían hacia sus barcos. Algo verdaderamente surrealista.

Considero que tendríamos que distinguir claramente entre dos regímenes políticos, entre uno que era una dictadura cruel, despiadada y cuya desaparición nadie lamenta, y otro que está en el mundo, ofreciéndose y ejerciendo como el gran líder de la libertad y de la democracia.

Creo que este es el análisis, comprendo que no desapasionado, como seria más interesante para el tribunal, pero en fin son las observaciones que se me ocurren y por supuesto quedo a disposición de los señores miembros del Tribunal o de todos ustedes para responder a cualquier cuestión que quieran formularme.

Muchas gracias.

Diego Carcedo,
Miembro del Consejo de RTVE.


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