Entre 160 y 200 inmigrantes africanos viajaban hacinados y medio moribundos en las bodegas de un barco con bandera de San Vicente y Granadina y con rumbo desconocido, las autoridades españoles seguían el rastro a este buque desde hace una semana, y sus sospechas se confirmaron después de que se quedara sin combustible y a la deriva frente a las Islas Canarias. El resultado de la operación de la policía, 15 miembros de la tripulación detenidos y cuatro inmigrantes tuvieron que ser evacuados en ambulancia y hospitalizados en centro de la isla por su mal estado de salud.

En caso de no haberse interceptado al viejo petrolero Conakry, el domingo pasado a 60 millas (unos 95 kilómetros) al sur de la isla de Gran Canaria hubiera ocurrido una tragedia mayor, ya que, al interior del buque no quedaban víveres a bordo, ni combustible suficiente para cubrir la ruta desde Cabo Verde hasta Canarias, ni tampoco tenían una radio para alertar de su situación, que rozaba el límite de la flotabilidad, los 153 subsaharianos hacinados en la bodega de proa, entre quienes se encontraba una mujer embarazada, se encontraban en un estado más que lamentable cuya situación se agravaba día con día pues llevaban cuatro días sin ingerir alimento y agua, según reconocieron ocho de los atendidos en las urgencias del Hospital Juan Negrín de Las Palmas. Los médicos que los exploraron coincidieron en que su juventud, entre 20 y 30 años, ha sido un factor "determinante" para haber sobrevivido.

La sucesos que se dieron en el interior del Conakry nos recuerda la forma tan inhumana como eran tratados los esclavos raptados en África con destino a las colonias americanas hasta el siglo XIX. Los inmigrantes estuvieron en alta mar al menos dos semanas, hacinados como ganado en el suelo de la bodega de proa, sin ventilación, ni inodoros. "Su ropa y su cuerpo desprendían un fuerte olor a petróleo, estaban muy sucios, su ropa llena de manchas de grasa e, incluso, uno de ellos que se había hecho un corte en la pierna tenía la herida totalmente infectada por falta de atención, la desesperación, el hambre y la sed en los últimos días fue tal que otro subsahariano bebió un líquido de color naranja, que no era agua, y que le produjo una fuerte diarrea, estaban muy asustados, se quejaban de dolor abdominal, hablaban un inglés perfecto e ilustrado y sólo repetían constantemente Liberia, Liberia; nunca hablaron entre ellos", relataron los médicos del Servicio de Urgencias Canario

Una mujer de 22 años conoció allí mismo que estaba embarazada de dos meses. "No reaccionó de una manera extraña", abunda el doctor Rubio, "me miró, cerró los ojos y siguió descansando", padecía una gastroenteritis aguda, con 39 grados de fiebre.

Aunque casi todos se declararon liberianos (para pedir asilo por la situación de violencia en ese país), un portavoz del Cuerpo Nacional de Policía señaló que, tras analizar sus dialectos y rasgos físicos con ayuda de intérpretes, se ha determinado que todos son de Senegal, Ghana y Nigeria.

Esta tragedia que pudo tener consecuencias más lamentables, nos ponen ha reflexionar sobre la política de inmigración que esta implementando el gobierno español en donde, sin duda alguna, debe reforzarse más la vigilancia para evitar tragedias que como la del Conakry, las cuales se están repitiendo de manera más común sobre el Mediterráneo, consideramos pues que no es necesario que el día de mañana tenga que arribar a un muelle español un carguero con cientos de cadáveres para que las autoridades españolas encargadas de la política exterior anuncien la puesta en marcha de un plan para rescatar a los inmigrantes ilegales africanos que se aventuran a cruzar el Mediterráneo en busca de una vida mejor.

 

Francisco José Alonso Rodríguez,
Presidente Nacional de la Liga Española Pro-Derechos Humanos.


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