El análisis que voy a presentar, es un análisis más desde la perspectiva del académico que del militante, aunque no quiero esconder en absoluto mi condición de militante, pero me ha parecido que el tema era suficientemente importante como para no hablar más que de aquello que tenemos probado, y que podemos de alguna manera verificar, es decir, que lo que yo digo ustedes lo puedan verificar posteriormente.
Verán ustedes a continuación
que disiento de muchas de las interpretaciones que se han hecho sobre la información
de la guerra de Irak, por parte de muchos amigos y colegas míos. Entre
otros, ilustres periodistas del periódico El País.
Esto se debe a una opción particular,
que yo he escogido para organizar los conocimientos de que disponemos respecto
de este proceso, y es el de que la verdad o la falsedad de lo comunicado,
de lo informado, son irrelevantes en este caso.
¿En que sentido son irrelevantes?. En el sentido que desde el principio, y todos los estudios que hay sobre información y guerra así lo prueban, parece que hay una coincidencia casi unánime en legitimar la mentira en la información sobre la guerra. Nadie ha discutido seriamente el que haya que atenerse a un relato verídico de hechos cuando se trate de una guerra, sobre todo mientras la guerra está en curso, estoy hablando evidentemente del mundo académico.
En el caso que nos concierne, tenemos además dos manifestaciones absolutamente inequívocas: la primera de Rumsfeld, que el segundo día de la guerra dice: " bueno, ha llegado el momento de que comencemos a decir mentiras".
La segunda es la programación de la creación en el Pentágono, Departamento de Defensa, de una oficina para la preparación de contenidos informativos destinados a la creación de opinión o a la manipulación de la opinión. Partiendo de estos datos, a mi juicio, realmente carece de sentido o por lo menos carece de relevancia, las denuncias sobre la falsificación sistemática de los sucesos.
A partir de ahí se entiende la irrelevancia
de los contenidos en los procesos informativos, es decir, lo que se diga y
lo que no se diga es muy secundario en relación con la totalidad del
discurso en sí. Lo importante por lo tanto, no es lo es evenemenencial,
lo que sucede, el acontecimiento, sino la lógica del discurso y la
calidad demostrativa del discurso, no la calidad mostrativa sino demostrativa.
¿Cuál es la lógica
dominante del discurso de información que se ha dado en el mundo occidental
respecto de la guerra de Irak? Los analistas, que los hay ya sobre la información
de esta última guerra, insisten mucho, entre nosotros y para los lectores
del País, mi amigo Juan Cueto, por ejemplo, insisten mucho sobre la
diferencia entre la información de la primera guerra y de ésta,
por el hecho de que ésta vez ha habido la posibilidad efectiva del
pluralismo informativo en virtud del carácter diferencial de las fuentes.
Y esto viene del hecho, que todos ustedes saben, de la existencia de Al Yazira, de la existencia de Al Budabi TV, y sobre todo de la multiplicidad de pantallas. Juan Cueto insiste mucho en este punto, de la multiplicidad de pantallas, a las que tenemos acceso. Esto es un hecho, frente a la concentración acantonada de la información en la primera guerra del golfo, en esta segunda hemos tenido un espectro de opciones informativas grande.
Sin embargo, desde mi particular estructura informativa esto no es lo determinante. ¿Por qué no es lo determinante? Porque sean cúales sean los datos que se nos ofrecen, esos datos están encuadrados en una sola y misma realidad con una rejilla de lectura que además es unívoca. Esta rejilla de lectura va desde el universo terminológico hasta el contexto de las grandes opciones interpretativas que hoy existen del orden mundial.
Es sorprendente, que cuando ha existido
una movilización contra la guerra tan unánime, cuando ha habido
además asociaciones y grupos tan beligerantes contra la guerra, sin
embargo, ha habido una casi unanimidad en una doble aceptación, primero
la agenda, Agenda Ceting, de los temas de la guerra. Es decir, aquellas cosas
de las que era importante o prioritario hablar, y segundo, la lectura de esa
agenda, comenzando por las categorías geopolíticas, incluso
lingüísticas que se podían utilizar.
Tenemos muchos ejemplos, el más patente es la utilización de coalición, en vez de tropas anglo-americanas. También la utilización muy frecuente del término fuerzas aliadas. Todo esto es extraordinariamente importante porque es lo que ha posibilitado el gran fraude de la información en su conjunto. No olvidemos que la información nos informaba sobre un acontecimiento, la guerra en Irak, que se instala en un proyecto de guerra preventiva general, guerra preventiva permanente, obedeciendo a un designio político moral, que es la lucha del bien contra el mal. Todo eso además sucede dentro de un marco político ideológico de la administración Bush actual, que seguimos calificando, incluso gentes tan ilustres para mi como Juber Habermas, de neoconservadores o neoliberales, cuando son de extrema derecha, es decir una vez más somos víctimas de la utilización de una agenda temática ideológica y lingüística que nos es impuesta desde EE.UU. por el equipo más inmediato de Bush. Si por un minuto pensamos cual es la estructura ideológica que yo califico de extrema derecha, del equipo Bush, hay tres características esenciales. La primera es el mesianismo nacionalista, la segunda es el integrismo religioso, y la tercera es el dirigismo oligopólico. Es obvio que ninguno de estos tres grandes parámetros tiene absolutamente nada que ver con el liberalismo ni con el neoliberalismo y ni siquiera con los neoconservadores.
Es una posición muy clara que podemos
llamar reaccionarismo, lo que yo llamo autoritarismo global, porque de alguna
manera hay un cierto pluralismo dentro de ese régimen autoritario,
pero no es en absoluto liberalismo en ninguna de sus versiones, ni siquiera
neoconservadurismo.
Este núcleo ideológico es
el que de alguna manera determina el comportamiento por una parte de la guerra,
y segundo por la imagen de la guerra que se quiere vender. Si la falsificación
sistemática he señalado antes que era irrelevante, lo es a positivo
y no a negativo, es decir, hace falta disponer de piezas, de elementos, de
componentes que nos permitan construir la estructura, que en este caso sería
diacrónica, de la información que nos permita llegar a lo que
queremos, es decir, a la venta del producto que estamos construyendo. Insisto
en que hoy la información es publicidad directa. Se trata de vender
contenidos insertados en estructuras mostrativas con capacidad de convicción.
Sobre esto hay mucho ejemplos, el más significativo en relación
con el tema de esta tarde es, que la responsable de los servicios de información
del Departamento de Defensa y Departamento de Estado en los últimos
once meses, es una comisión de información y comunicación,
cuya directora no es un eminente intelectual geopolítico, no es ni
siquiera un general, es la directora de publicidad persuasiva del grupo Yalelbi.
Así pues, han encargado que se ocupe de la comunicación a una
publicitaria, porque de lo que se trata es de construir un producto publicitario.
Este producto publicitario es el que corresponde
al relato heroico de una guerra del bien contra el mal que indudablemente
tiene que tener consonancia heroica porque sino, nos defraudaría.
A lo largo de todo el proceso podemos ver
presentaciones con estos soportes de lo heroico. Quizá el más
conocido es el de la sargento, que tiene todos los atributos necesarios para
constituirse en héroe, la juventud, 19 años, la belleza morfológica,
y a la que se le inventa la historia del gran rescate. Cuando nos consta que
estaba en un hospital normal y que además a ésta señora
se la libera después de que una de las personas que estaba dentro llamara
por teléfono para comunicar que no había ningún militar
y que podían acceder directamente. La contestación de la policía
militar es impresionante, ya que conocían de antemano la situación
del barrio, del hospital y de esta señora. Es evidente que estaba en
una cama, estaba herida, pero habían quedado con ella, y que se van
a hacer dos películas una la hará el ABC y la otra ABC y ya
hay varios libros anunciados.
Esto está dentro del proceso de mitificación
que parece absolutamente necesario.
Además, la irrelevancia de los nódulos
informativos viene también del hecho de que ya hemos renunciado prácticamente
casi todos los televidentes, a los nódulos sémicos, aquellas
cosas que quieren decir algo, que apuntan a lo cognitivo, y nos hemos quedado
en lo pato afectivo, es decir, nos hemos quedado en la tele realidad.
Hoy no se puede estudiar ni analizar la
televisión sea cual sea el sector al que se accede, más que
a través del paradigma de la tele realidad que tiene una doble característica:
la primera de ellas es la personalización extrema de lo que se comunica,
y la segunda el carácter estrictamente privado de lo comunicado. Por
lo tanto, lo importante no es aquello que un periodista nos pueda trasmitir,
lo importante es la vivencia del periodista, la vivencia del informador y
eso hay que darlo more telerealidad, porque sino no puede operar efectivamente.
Hay una gran diferencia entre la información
en la primera Guerra del Golfo y la segunda. En la primera se eligieron unos
periodistas que se les citaba a determinadas reuniones, se les proyectaban
determinados documentos, se les facilitaban determinadas explicaciones y ellos
las lanzaban. Esta vez no ha sucedido así, esta vez los informadores
han seguido o incluso en algunos casos han precedido al acontecimiento, pero
esto no se ha traducido en un enriquecimiento de los contenidos informativos
propiamente dichos, de tal forma que seguimos, al igual que en la primera
guerra, sin conocer el dato más importante informativamente hablando
de todo proceso bélico, que es cuántos muertos y cuántos
heridos.
Han pasado doce años desde la primera
guerra del golfo, y las cifras que se nos dan según las fuentes, varían
del simple al triple. En este caso no sabemos nada de nada, nadie se atreve
a adelantar ninguna cifra, como nadie se atreve a evaluar tampoco con seriedad
los destrozos.
La lectura mediática de la primera
y la segunda guerra, así como la presentación mediática
del 1991 y del 2003 es muy diferente. En la primera fue esencialmente un vídeo
juego, eso es indiscutible, (hay una vasta bibliografía sobre el tema),
y en ésta segunda se trata de un relato heroico imperial, del que los
protagonistas principales de manera curiosa no son sólo los soldados,
son los soldados y los informadores, son los soldados y los periodistas, con
lo cual en este investment, en este empotramiento, o encamamiento, hay un
verdadero enrolamiento del periodista que se auto constituye en coprotagonista
del proceso.
Voy ponerles algunos ejemplos que se corresponden
con las pautas y modos propios de la telerrealidad.
Un excelente analista de la comunicación
de Cataluña, el profesor Emili Prado, le llama a esto la teleguerrealidad,
es decir, como realmente los actores de la guerra a título que sea,
participan en la producción de esa realidad telemática, y no
siempre los núcleos preparados salen bien. Realmente lo que más
le ha fallado al dispositivo de comunicación norteamericano ha sido
el happy end, porque ellos nos habían anunciado que jubilosas masas
de liberados iraquíes irían a acabar con los signos del régimen
iraquí, principalmente con la gran estatua de Sadam Hussein, y ya lo
habían preparado todo, sobre todo las cámaras de televisión.
Pero a esa cita faltó la población badgadí, en la que
no hubo casi nadie, de tal manera que cuando se dieron cuenta hicieron retrasar
dos horas el magno suceso para contratar y acarrear a una serie de masas menos
jubilosas pero que estaban allí. No pasaban de las 250 o 300 personas
las que estaban allí, y era muy difícil que pudieran echar abajo
el peso de una estatua impresionante. Menos mal que ellos habían previsto
ya el acontecimiento y al lado, como por milagro, había una grúa
salvífica que fué la que acabó echando abajo la estatua
de Sadam Hussein.
Pero con independencia de este final hay
que decir que las demás cosas le salieron casi siempre bien.
En la telerrealidad, la emoción,
la creación de patos es el elemento determinante, pero un pato que
tiene que estar muy individualizado y del que hay que purificar todo elemento
exterior o público, porque la contaminación de lo público
invalida el pato individual, es decir, no se puede, y aquí muchos de
los que están aquí se extrañaran. En fin, hay gente que
piensa así, no se puede sufrir, no se puede tener dolor, no se puede
emocionar uno con cosas colectivas, nada más con lo de uno, uno privatísimamente
uno, es el principio operativo de la tele realidad.
Para leerles algunos ejemplos, que he visto
en los segmentos de televisión que he analizado, que nosotros llamamos
estilemas, por lo tanto los estilemas de la telerrealidad o de la teleguerraealidad,
cogiendo a Emilis su designación, en la fase previa se difunden ya
profusamente imágenes de los soldados despidiéndose de sus familiares,
la emoción de la joven esposa que ve partir a su marido mientras ella
sostiene en brazos a un niño, y que no alcanzan a comprender ni el
niño ni la madre del por qué de esa partida. La zozobra de una
madre que ve a su hijo cuando recibe las primeras noticias del frente. Un
larguísimo repertorio narrativo que no nos informa nada ni sobre el
conflicto, sus causas o sus consecuencias, es decir es una especie de narratoria
y fábula.
Estos son ejemplos concretos que he recogido
de las televisiones, "hoy tenemos más resistencia de la esperada"
dice un periodista de la televisión francesa de la dos; otro dice "Nuestro
principal problema es que se nos terminaron las mudas limpias hace ocho días";
otro que dice "estamos estancados esperando avituallamiento y para matar
el aburrimiento hemos organizado un partido de fútbol en el que obviamente
vamos a ganar los italianos"; "estamos sufriendo una tormenta de
arena que se nos cuela por todas partes, incluso por las más desagradables,
y esta mañana nos hemos dado cuenta que hemos perdido dos tanques que
no arrancan por que se les ha metido arena por todas partes también";
otro que dice "tendremos que ir más apretados" ; Un periodista
británico dice "hoy hemos tomado el control de dos puentes, rechazamos
un ataque y destruimos dos carros iraquíes", es absolutamente
impresionante como además todo esto lo hace no por entusiasmo pro americano
y anti iraquí, sino por identificación con la vivencia personal
que le está narrando, y que sin ninguna duda fue así.
Cerrando los ejemplos concretos, insisto
en que me parece esencial. Esta guerra no se ha acabado, y no me refiero a
la de Irak, la de Irak en su fase más virulenta seguramente ha acabado,
me refiero a la guerra de los señores Bush, Volfobich, Perle con sus
superiores Cheney y Rumsfeld.
La lógica discursiva publicitada,
es absolutamente impresionante porque lo que están haciendo es demostrándonos
que esta guerra indecente, es una continuación de la lucha permanente,
no ya del bien contra el mal, sino de las democracias occidentales contra
las formas de opresión.
Es decir, recuerden ustedes que se ha presentado
el fin de la guerra por el señor Rumsfeld, y no solo por el señor
Cheney, como una especie de liberación de París, como una especie
de caída del Muro de Berlín. Estamos en un proceso de liberación
porque estas guerras son guerras de liberación, porque el hecho no
es que Sadan Hussein fuera el malo de película, sino que oprimía
a su pueblo y de lo que se trata es de lanzar una serie de guerras liberadoras
que no solo restablezcan los derechos humanos y las democracias, sino sobre
todo que liberen a los pueblos.
Toda la estructura demostrativa, que no
mostrativa, está en función de ese gran eje mayor que pienso
que va a continuarse durante una serie de años. Cuándo nos dicen
"estos bidones podrían contener productos químicos",
lo importante es que podrían contener, no se atreven todavía
a decirnos que contenían, nos dicen podrían contener. Lo más
grave es que la mayor parte de los recepcionarios de esa noticia dicen efectivamente
"podrían haber contenido". Esto es por algo dramático
que está sucediendo en el mundo de la comunicación, y es la
modificación también de las estructuras receptivas que hoy son
función de los estereotipos dominantes, estereotipos dominantes que
están absolutamente gestionados por los que tienen el poder, sean de
derechas o sean de izquierdas, todos os que tiene el poder hoy son los grandes
gestionarios de los estereotipos dominantes en la recepción de la información.
Por eso, sólo aquellas personas,
sean de derechas o de izquierdas, pero que normalmente a mi juicio empírico,
no volitivo que ese es obvio, a mi juicio empírico son de izquierdas
sólo cuando hay personas de una indiscutibilidad y de una credibilidad
total se puede luchar contra los estereotipos dominantes, si no es imposible
luchar. Por ejemplo en mi vida personal yo llevo escrito no sé cuántas
veces en El País que la globalización es el resultado de una
combinación de elementos estructurales y de una voluntad política
concreta para organizar esas determinaciones estructurales y conseguir unos
determinados fines. Pero un novelista peruano español, que nos es muy
conocido, ha escrito alguna vez ya en El País que la globalización
es algo tan inevitable y tan natural como la ley de gravitación universal,
es indudable que eso escrito dos veces en el sitio de honor del periódico
El País el domingo artículo de colaboración central,
tiene mucha más capacidad determinante que un columnista que dice algunas
veces lo contrario.
Con esto quiero decir que el gestor de la
información, gestor como actor, tiene una capacidad de determinación
extraordinaria, sobre todo cuando coincide con los estereotipos sociales dominantes,
y hoy en estos inicios del siglo XXI, los estereotipos sociales dominantes
son extraordinariamente conservadores, de aquí que el salto de los
conservadores a lo ultra conservador, esto que he llamado la extrema derecha,
sea mucho mas fácil.
Yo contra eso no veo más que una
forma de luchar, no bajar los brazos, y segundo pasar la antorcha a los jóvenes
porque a lo mejor los otros se cansan, no se sabe nunca.
Gracias
Vidal Beneyto,
Director del Colegio de Altos
Estudios Europeos de París.
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Vidal Beneyto, Director del Colegio de Altos Estudios Europeos de París